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viernes, 11 de julio de 2014

Las habitantes de las fuentes

Os debía la entrada de Blogger Traveller de Junio, cuya palabra era Fuente. No quiero dejar de participar y aunque ya estamos preparando la palabra de este mes de Julio, aquí la tenéis.


Mis compañeras de viaje han mostrado las fuentes más emblemáticas de sus lugares y podéis visitarlas aquí. Yo, sin embargo, os voy a hablar de un ser mitológico que habita en ellas: Las Xanas

Diferentes representaciones de Xanas.

Las Xanas son seres que viven en fuentes y corrientes de agua. Tienen forma de bellas mujeres, de larga y rubia melena y voz hipnotizadora, que se dedican a hilar o tejer. Son poseedoras de grandes riquezas.Viven en cuevas cercanas a fuentes y ríos y suelen estar encantadas o hechizadas. Su ansia de ser liberadas de esos hechizos hace que prometan grandes tesoros a sus rescatadores. Suelen tener buen corazón, aunque si son traicionadas o se sienten engañadas, responden con su lado oscuro, siendo ellas las que hechizan o encantan a sus traidores.



Es uno de los mitos más extendidos por Asturias, como podemos comprobar al fijarnos en los múltiples topónimos (cuevas, arrollos, montes, desfiladeros, son lugares que tienen "Les Xanes" como nombre). También hay muchas leyendas sobre ellas y sus riquezas, y muchas están referidas a la noche de San Juan, una noche en la que se pueden liberar de sus hechizos tanto Xanas como humanos.

Lamia, de John William Waterhouse, 1909
De todas las leyendas sobre Xanas, la que más me gusta es la que cuenta la historia de la Peña de Caballar, en la Playa de Aguilar (Muros del Nalón). Aquí os dejo la versión de Félix G. Fierros, en su libro Muros del Nalón:


"En la Peña del Castiello hay una cueva en que, según la leyenda, vive una xana encantada. La encantaron sus padres porque cometió una falta muy grave. Y no podía salir de su encantamiento mientras no se presentara un caballero valiente que la bajara en sus brazos desde la cueva a la playa sin detenerse con ella en el camino y sin dejarla caer al suelo.
 El caballero que hubiese hecho esto se haría dueño de muchas riquezas: la Xana le regalaría un tesoro que guarda en la cueva envuelto en una piel de buey pinto, según dice una copla popular en la comarca:

 En Castiello de Aguilar donde trigo se mayaba, hay una piel de buey pinto llena de plata labrada. 

La Xana jugaba en la playa a los bolos, que eran de oro. Devanaba ovillos con el hilo que salía por el ojo de la fuente que está cerca de la cueva, y tendía su pequeña colada en la cueva del monte. Una mañana fue una mujer de Muros a segar al prado del Castiello y sorprendió a la Xana cosiendo. Esta, en cuanto vio a la mujer, se metió corriendo en la cueva y dejó las tijeras fuera. Luego salió a recogerlas y como no estaban allí, comenzó a cantar: 

Quien mis tijerinas de oro llevó cocida y asada la vea yo.

 Se las había llevado la mujer, y por esta mala acción se le murió algún ganado y cayeron calamidades sobre la familia. La Xana esperaba año tras año y no llegaba nadie a desencantarla. 
Un día que estaba guarneciendo el dengue a la puerta de la cueva, pasó por allí un caballero, el cual le preguntó quién era y por qué estaba allí. 
La Xana le contó la historia y le dijo que había que hacer para desencantarla. Entonces la cogió en sus brazos y echó a andar con ella en dirección a la playa, y según iba alejándose de la cueva la Xana se iba desencantando, y a medida que se desencantaba crecía y aumentaba de peso.
 El caballero corría viendo el milagro del desencantamiento; pero cuando iban llegando al punto deseado, estalló una tempestad muy grande. Los relámpagos y truenos asustaron al caballero y dejó caer a la Xana al suelo. 
Y como ella le había dicho que si la dejaba caer quedaría encantada para siempre, se volvió llorando para la cueva. Y desde entonces acá nadie ha vuelto a ver a la xana jugando a los bolos en la Playa de Aguilar."

 "La Xana se metió en la Cueva del Castiello, pero ¿dónde está el caballero? Seguramente no lo dice el cuento para que el lector se entretenga en buscarlo por su cuenta, y en verdad que no hace falta dejar escrito lo que están viendo nuestros ojos y que no puede ser otro que esta peña. De caballero se cambió el nombre a Caballar, quizás porque el nombre de caballero no asiente bien a quien por miedo y cobardía quedó tan tieso y duro como vemos ahora a esta piedra."

Peña Caballar en playa de Aguilar.


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